10.8.08

Wevada

Parada en el mismo lugar, veo pasar el tiempo. Yo, sin ilusión, me pregunto qué es vivir, y nunca obtengo respuesta; sin embargo, creo que vivo cuando me permites ver tu sonrisa, por eso, muero lentamente, y es que casi no te veo.
Una vez más puse a prueba mi fe, y una vez más --como de costumbre-- me decepcioné; caí cuesta abajo, como si fuera una de las piedras que un suicida arroja desde lo alto para ver si tardan mucho en desaparecer, y así, me perdí en el abismo que creó tu mirada.
Hoy no he dormido pensando cómo hacer para no seguir pensando. Me he refugiado en el dolor que siento cada vez que abro los ojos y te pienso; dolor que no termina y eso me gusta.
No tengo nada, no me queda nada, sino mis manos, mis sucias, frías y nada delicadas manos; aquéllas que osaron tocarte y contaminaron tu rostro, tu dulce rostro...

4.8.08

Mientras escucho la balada más deprimente de todas, me resigno a mi suerte. Por qué. Siempre me voy a preguntar cuál es la razón por la que no encuentro la estabilidad que todos tienen [o aparentan]. Nunca he sido una persona estable, no tendría por qué comenzar ahora a preocuparme por ello...
He vuelto a las baladas, creo que no aprendo, no me gusta aprender.

3.8.08

Me he acercado demasiado a aquel mundo pendejo en el que la soledad es la única compañera, me siento acompañada por ella. Pese a que sólo seamos amigas, la deseo con locura y lo sabe. A veces, pienso que no le importa que me acerque tanto a ella, sé que puedo contaminar nuestra relación, pero lo asumo, corro el riesgo, la quiero cerca. Estoy segura de que si trato de quedarme a su lado, terminaría abandonándome, incluso ella...