6.2.08

14-02-07

De fondo, una canción de Bon Jovi que no puede ser más precisa: «Without love». Se termina el tonito, viene otra más alegrona. Todas tienen que ver con el mentado sentimiento.
Día de los enamorados.
Hace un año, mi frío, triste y desgastado cuerpo yacía en una fría, triste y desgastada cama de hospital. Había sido operada. Tuve la suerte de que fueron a visitarme sólo aquellos a quienes quise ver (miento, esperaba a más personas). Asumo que el horario de visita era jodido y, por eso, no todos podían [ni querían] verme.
Recuerdo a quien me acompañaba aquellas heladas noches: su mirada fuerte, sus manos grandes, su reloj que no avanzaba y que me refregaba en la cara los días, horas, minutos y segundos que me faltaban por estar así…
Pensaba que en lugar de eso, debía de estar en una mesa llena de cervezas y con mis lindas amigas (que estaban en un juergón alucinante, mientras a mí me hacían tajos en la panza), ya todo había sido planificado para pegárnosla brutalmente, pero todo pasa por algo. Pensaba en cómo escapar de ese lugar; era de más, pues sabía que era imposible, a menos que caminara hasta la salida con el suero y que aquél guardián (al que recuerdo líneas arriba) muriese. No me habría importado.
Cuatrocientos soles bajo la sábana me hacía pensar que mi vida no estaba perdida todavía y que, a pesar de ser poca la cantidad que me alumbraba, me serviría para chuparme la vida y luego, claro, vomitarla.
Sigo con Bon Jovi.
Recuerdo que sonó mi celular (lo tenía escondido porque las nefastas enfermeras me amenazaban constantemente con quitármelo; si lo harían en este momento, no me interesaría: la porquería no cuesta más de 80 lucas en Las Malvinas y se sumerge en el water cada vez que me embriago), era la llamada que había estado esperando y la cual no pude contestar por culpa del puto, maldito y desagradable yungay ese. Ojalá que la esté pagando.
En fin, no me interesa.
Todo está bien ahora. Lo único que me fastidia, a veces, es el síndrome de adherencia.
Y mientras Bon Jovi termina su cancioncita, veo todo aquello que me queda junto con mis recuerdos: mi encendedor, mi cenicero y cinco soles que se esfuman mañana, cuando me quite a la playa.

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