18.2.08

Obviemos por el momento mi demencia, aquella que me obliga a actuar de una forma algo peculiar.
Te contaré que no me gusta estar en Lima, pues, mientras desenvuelve su falo y me atrapa en toda su podredumbre, más me arrepiento de haber regresado.
Yo sigo en mi cápsula, envuelta en papel de periódico, como si fuera un pescado en el mercado, con los ojos distraídos, mirando a una señora gorda que con su cuerpo grasoso me lleva de paseo para terminar en un relleno sanitario, distraída, perdida, muerta de hambre.
Debo aceptar que mis crisis han disminuido considerablemente. Te escribía solo para recordarte que ayer, mientras nos despedíamos, quedé en llamarte el primero de marzo a las tres de la tarde.
Espero que no lo hayas olvidado. Quedamos en terminar lo que quedó inconcluso, de esa manera podremos considerarnos los parados frente al paredón de semen, quizás simplemente tomar un trago o callar para mirarnos... como sea, te lo recuerdo...
Si tienes algún inconveniente, si no estás en Lima o te arrepientes, me escribes o me llamas, tienes mi número.
Supongo que a esta hora ya debes haber leído el mensaje a tu celular --el que se supone te informará de este escrito.
De todas maneras llamaré el día acordado a la hora acordada. Quiero hacer hincapié de que tengo claro el hecho de que ninguno de los dos quiere complicaciones extremas. Ya sabes mi respuesta. Me es necesario aclarar que esta vez no quise hacer un poema.
Espero que no hayas encontrado algún rastro verbal que te lleve a concluir que soy especial. Cuídate también y créeme que comenzaré a hablar de la misma manera en la que escribo.
Cuida tus ojos, tienen una especial manera de mirar.
Nos vemos por ahi.
Pao

No hay comentarios: