Debe entenderse el siguiente escrito como una ridiculización al sobrante que no tengo; hay que recordar que siempre es bueno un pequeño «homenaje» al conductor seminal, culpable de nuestro engendramiento.
Hace unos días, tomando con dos de mis grandes amigas, hablábamos acerca de los hombres y de sus encantos. Claro que nos referíamos a los físicos: «unos lindos ojos te dejan sin habla», «yo pienso que si está bien por atrás, lo demás se perdona», «con la mirada ya sabes lo que quiere». Mientras, yo pensaba, ¿será cierto esto? [con el tono de Cristina].
Sinceramente, ¿son los ojos, la mirada o el derrier lo que tanto nos atrae del género opuesto? En un primer momento, lo acepto; sin embargo, van pasando los minutos, nuestras miradas bajan, acéptenlo, mujeres, bajan más allá de las rodillas y se centran en los zapatos. ¿Cuarenta y uno?, ¿cuarenta y dos?, ¿cuarenta y tres?, oh, por Dios... ¿cuarenta y cuatro? Comienzan a imaginar, ¿o no?
Debo hacer una excepción y aceptar que, hace muchísimo tiempo ya, este tema no me interesaba. Había perdido las esperanzas de encontrar uno lo suficientemente exacto y deseable para mi casi olvidada anatomía: la triste, fría y desgastada. No es que esté en la búsqueda, es sólo que cuando se debe, hay que poner algunos puntos en claro. Aquí intercedo.
¿Por qué los hombres siempre tienen miedo a los comentarios postrecutecu-chuculún-arrimada de piano?, ¿por qué otros creen que son inigualables?, ¿por qué asumen que el suyo es insuperable? No lo sé, habría que preguntarles a ellos mismos. Hay quienes son capaces de operarse así oigan el clásico: «Sí, amor, sí me gustó» por el simple hecho de ver en su pareja un ápice de insatisfacción [que bien podría ser cansancio] al punto de comenzar todo el drama digno de una novela mexicana.
Acabo de ver a un buen amigo, de esos que para los demás es el tipo enfermo y sádico que piensa sólo en cómo va a ser su próximo encontrón; pero que, por lo menos conmigo, es todo lo contrario: amable, chistosísimo, inigualable. Digamos que con él se puede hablar de estos temas con toda la confianza del mundo porque lo único que voy a obtener como respuesta es una carcajada. Así comienzo mi discurso: «Oe, dime, por qué son tan traumados, ah?, ¿por qué siempre después de, quieren escuchar un: "qué rico estuvo"?, por qué no se conforman con un beso, que muchas veces puede 'decir' mucho más» (Ya saben, los gestos, esos que son mínimos, pero que significan más que un centenar de palabras). Lo único que obtuve como respuesta fue: «Es que, flaca, una vez que uno saca a su chévere, las mujeres se ponen locas, y los hombres sólo esperamos que nos muevan bien el bote».
Me pareció tan chistoso [y ahora entiendo más algunas cosas] que pensé en escribir cualquier estupidez, como esta, que conmemore el momento.
El Moshe y yo hablando de penes.
Pao.

1 comentario:
xDD! como te dije, me gusta la ironía que le pones a tus posts, y encima la seriedad con la que tocas cada tema, en fin.
Si los hombres somos asi de idiotas en todos los sentidos y más cuando se habla sobre SEXO - hacer el amor, no - todos creen que es un trofeo sacar la frase "estuviste genial -
pero bueh.. personalmente?. nunca he preguntado eso.. siempre me gusto ver la cara de satisfacción de la chica con quien estaba, creo que eso es mejor que cualquier frase... antes de autosatisfacerme mejor es satisfacer a tu pareja.
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