22.10.08
DÍAS NORMALES
Probé la más exquisita de las felicidades, aquella que puedes compartir con alguien; sin embargo, mi ya deteriorado cerebro (ése al que pocas veces me gusta elogiar) destruyó lo más bonito que había conseguido de un tiempo a esta parte. En pocas palabras, la cagué. Cagué una de las pocas "cosas"(1) que me daba tranquilidad.
Últimamente me he preguntado de qué sirven los triunfos, los logros o el dinero si no se tiene con quién compartir todo eso. Me he quedado sola, sola con mis lamentos. Confieso que lo único que quisiera en este momento es infectarme de cerveza, ron, vino o cualquier otro trago que me haga olvidar aquello que tuve y que ahora ya no está.
Reconozco que mis días son normales, que extraño las sorpresas, las alegrías infinitas. Extraño todo: a ti y a tus ojos lejanos, esos que me perdían en la más profunda estupidez. No sabes cómo me gustaba ese estado.
Me dijiste el otro día que el tiempo curaba todo; yo creo, al contrario de eso, que el tiempo te ayuda a olvidar. Me vas a olvidar, te voy a olvidar. Es triste ahora, pero supongo que --acá sí creo lo del tiempo-- ya pasará, como pasan los días ahora y logro olvidar poco a poco tu rostro, ése que con una mirada me decía más de lo que podías imaginar. Ojalá puedas perdonar.
(1) Interpreten "cosas" como situaciones.
Mis días, repito, son muy normales, demasiado diría yo...
10.8.08
Wevada
Una vez más puse a prueba mi fe, y una vez más --como de costumbre-- me decepcioné; caí cuesta abajo, como si fuera una de las piedras que un suicida arroja desde lo alto para ver si tardan mucho en desaparecer, y así, me perdí en el abismo que creó tu mirada.
Hoy no he dormido pensando cómo hacer para no seguir pensando. Me he refugiado en el dolor que siento cada vez que abro los ojos y te pienso; dolor que no termina y eso me gusta.
No tengo nada, no me queda nada, sino mis manos, mis sucias, frías y nada delicadas manos; aquéllas que osaron tocarte y contaminaron tu rostro, tu dulce rostro...
4.8.08
He vuelto a las baladas, creo que no aprendo, no me gusta aprender.
3.8.08
18.2.08
Te contaré que no me gusta estar en Lima, pues, mientras desenvuelve su falo y me atrapa en toda su podredumbre, más me arrepiento de haber regresado.
Yo sigo en mi cápsula, envuelta en papel de periódico, como si fuera un pescado en el mercado, con los ojos distraídos, mirando a una señora gorda que con su cuerpo grasoso me lleva de paseo para terminar en un relleno sanitario, distraída, perdida, muerta de hambre.
Debo aceptar que mis crisis han disminuido considerablemente. Te escribía solo para recordarte que ayer, mientras nos despedíamos, quedé en llamarte el primero de marzo a las tres de la tarde.
Espero que no lo hayas olvidado. Quedamos en terminar lo que quedó inconcluso, de esa manera podremos considerarnos los parados frente al paredón de semen, quizás simplemente tomar un trago o callar para mirarnos... como sea, te lo recuerdo...
Si tienes algún inconveniente, si no estás en Lima o te arrepientes, me escribes o me llamas, tienes mi número.
Supongo que a esta hora ya debes haber leído el mensaje a tu celular --el que se supone te informará de este escrito.
De todas maneras llamaré el día acordado a la hora acordada. Quiero hacer hincapié de que tengo claro el hecho de que ninguno de los dos quiere complicaciones extremas. Ya sabes mi respuesta. Me es necesario aclarar que esta vez no quise hacer un poema.
Espero que no hayas encontrado algún rastro verbal que te lleve a concluir que soy especial. Cuídate también y créeme que comenzaré a hablar de la misma manera en la que escribo.
Cuida tus ojos, tienen una especial manera de mirar.
Nos vemos por ahi.
Pao
ERES ESPECIAL
17.2.08
RECUERDOS
-Claro que sí.
10.2.08
FELIZ DÍA
Recuerdo que hace unos años, esta era la canción clásica en la familia después del Cumpleaños feliz; recuerdo también la cara de los primos al oírla: algunos --confieso haber sido parte de ese clan-- nos hemos burlado y hemos sentido vergüenza ajena.
Anoche, después de mucho tiempo, la canté y la aplaudí junto con todos. Los años no pasan en vano, pienso yo; me hicieron dar cuenta de que la melodía medio ahuaynada no era tan mala después de todo y que era un buen pretexto para tenernos juntos a una sola voz...
Así comenzaba la fiesta.
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«Todos tienen una madre, ninguna como la mía, que arde como lucecita haciéndomeeeee compañía [...].»
--Mami, ¿bailamos?
--Ay, mamita, me duele el pie; en serio, hijita...
--Baila, por la PM!
--Mi pieee... [pojjjjj, pojjjjjjjj...]
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-Tú siempre exagerando.
-¿Alguien pidió la lambada?
-Sí, quien la pidió está en el baño.
Salí.
-(8)Chorando se foi quem um dia so me fez chorar... chorando estara ao lembrar de um amor que um dia nao soube cuidar.
-¿Bailas?
-Qué vergüenza. No sé contorsionarme.
-Descuida, yo te llevo.
-Entonces, llévame a otro lado.
-No ahora.
-¿Cuándo?
Se ha ido. Creo que lo asusté.
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Por poco me caigo, me he golpeado el brazo. Maldición. Y yo que estoy con bivirí.
-Se te ve un moretón, arruina tu bronceado.
-Ojalá que piensen que los provocaste tú, así todos te odirían.
-¿Qué hora es?
-No sé, aún no me voy.
-Es tarde, creo que es hora de partir.
-Cuídate entonces.
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-Señora, ¿me da permiso para enamorar a su hija?
-Jajajaja, ¡ven, escucha lo que dice éste!
-Anda, toma agua, papito, más ebrio no puedes estar.
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Un par de canciones más, tragos de ida y de vuelta. Extrañaba reunirme con la familia, ésa que tanto nos quiere, ésa que dentro de todo siempre está cerca y sobre todo celebrando a una de las personas que más quiero y que más nos entiende.
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Todo lo escrito anteriormente son huevadas.
9.2.08
A tu sombra, a tu recuerdo...

«Hace muchos, muchos años atrás.»
Son definitivamente las noches las que nos vuelven felinos. Es el alcohol el que nos degenera la percepción y nos vuelve estúpidamente más agradables, cariñosos y fácilmente degenerables... Escribo.
La vida es tan corta, comprendí con el paso del tiempo y demás experiencias que marcaron mi existencia mucho de lo que perdí, gané y vi pasar ante mi incrédula mirada. Comprendí también que uno nunca sabe qué camino tomar hasta que se halla completamente perdido. En ese inexplorado sendero de mi vida, te encontré.
Quiero decirte, al fin, algo que no pude ni tuve tiempo de decir cuando aún pude: llenaste mis días de alegría, de esperanza, de cariño sincero y emociones diversas. Gracias por haberme hecho formar parte de tu vida, por ser parte importante de la mía, por ser mi mejor evento.
Seguro que cuando leas esto, existirán miles de pasos que me separen de ti. Aunque no sea del todo cierto, siempre estás a mi lado y lo sabes; pero así es esto de la distancia. Ahora, en este instante, tu cuerpo y el mío se alimentan de un aire diferente, de una luz distinta.
Estas líneas resultan ser inevitables, pues es mi deseo incontrolable de seguirte y de querer tenerte... aunque no sea yo misma quien viaje contigo, será este escrito el que te acompañe, pues es todo mi amor egoístamente capturado en este espacio.
Hay tanto que recordar hoy, tantas lágrimas que alguna vez materializaron las tristezas que ya pasaron, y yo que quiero seguir amándote, hacerte sentir eterno, infinito, insuperable, indestructible, único, verdadero...
Créeme, eres todo y, a la vez, eres cada detalle, por eso, en este momento, una sensación de melancolía ha invadido no sólo mi alma sino también mis pensamientos.
Te confieso que el leerte, me ha traído a la mente los más grandes recuerdos, los más lindos, los mejores, los más entrañables.
La vida, mi querido amigo, es un escenario de angustias; recuerda que sólo se les pone pruebas a aquellos que pueden superarlas. La fe que crees perdida, la esperanza que --sé-- todavía albergas deben ser alicientes para no decaer; porque ya sabes, si tú caes, yo caigo contigo, como alguna vez te dije.
No sabes lo que habría dado por acompañarte en tus momentos difíciles, por haberte dado una palabra de aliento, no tienes idea de cuánto hubiese querido que riamos y lloremos juntos, y es que ahora, yo y mi perturbada juventud vamos a la par sin un sentido, un motivo ni una razón para vivir, haces falta.
Y ya para terminar, debes de saber que conservo desde la primera mirada y el primer gesto. Lo conservo muy adentro, muy en el fondo. Y de muestra, te dejo una moneda, tu aro, mi tarjeta de presentación y las flores que me enviaste hace mucho tiempo.
Pero, como en todo, así como alguna vez me dejé morir por ti, que no te sorprenda que te culpe ahora de mi intranquilidad, y que te sirva esto: «Un día estás en la cima de la loma, te sientes idolatrado, querido; al día siguiente, vas cuesta abajo rodando». Lo aplico, lo estoy haciendo ahora.
No te olvides de nuestra eterna cita,
Un abrazo, un beso y todo mi resentimiento. Sé feliz con Paola.
7.2.08
FALSA APOLOGÍA AL FALO QUE NO TENGO
6.2.08
Conózcanme
14-02-07
Día de los enamorados.
Hace un año, mi frío, triste y desgastado cuerpo yacía en una fría, triste y desgastada cama de hospital. Había sido operada. Tuve la suerte de que fueron a visitarme sólo aquellos a quienes quise ver (miento, esperaba a más personas). Asumo que el horario de visita era jodido y, por eso, no todos podían [ni querían] verme.
Recuerdo a quien me acompañaba aquellas heladas noches: su mirada fuerte, sus manos grandes, su reloj que no avanzaba y que me refregaba en la cara los días, horas, minutos y segundos que me faltaban por estar así…
Pensaba que en lugar de eso, debía de estar en una mesa llena de cervezas y con mis lindas amigas (que estaban en un juergón alucinante, mientras a mí me hacían tajos en la panza), ya todo había sido planificado para pegárnosla brutalmente, pero todo pasa por algo. Pensaba en cómo escapar de ese lugar; era de más, pues sabía que era imposible, a menos que caminara hasta la salida con el suero y que aquél guardián (al que recuerdo líneas arriba) muriese. No me habría importado.
Cuatrocientos soles bajo la sábana me hacía pensar que mi vida no estaba perdida todavía y que, a pesar de ser poca la cantidad que me alumbraba, me serviría para chuparme la vida y luego, claro, vomitarla.
Sigo con Bon Jovi.
Recuerdo que sonó mi celular (lo tenía escondido porque las nefastas enfermeras me amenazaban constantemente con quitármelo; si lo harían en este momento, no me interesaría: la porquería no cuesta más de 80 lucas en Las Malvinas y se sumerge en el water cada vez que me embriago), era la llamada que había estado esperando y la cual no pude contestar por culpa del puto, maldito y desagradable yungay ese. Ojalá que la esté pagando.
En fin, no me interesa.
Todo está bien ahora. Lo único que me fastidia, a veces, es el síndrome de adherencia.
Y mientras Bon Jovi termina su cancioncita, veo todo aquello que me queda junto con mis recuerdos: mi encendedor, mi cenicero y cinco soles que se esfuman mañana, cuando me quite a la playa.
